Azerbaiyán y el camino para garantizar la paz y la cooperación en la región

Por Jeyhun Bayramov, Ministro de Asuntos Exteriores de la República de Azerbaiyán

La independencia de la República de Azerbaiyán. Durante estos 30 años, Azerbaiyán ha experimentado dos guerras con el país vecino, Armenia, el fracaso político y las oportunidades perdidas en las primeras etapas de su independencia, seguidas de una rápida recuperación, el desarrollo económico y la Gran Victoria que condujeron a la restauración de la integridad territorial de Azerbaiyán dentro de sus fronteras internacionales. Con una exitosa política exterior, hoy Azerbaiyán es un país líder en el Cáucaso del Sur en términos de desarrollo económico, lo cual hubiera tenido aún más éxito, si no hubiese sido por la agresión y la ocupación de sus territorios por parte de Armenia durante casi tres décadas.

Desde los primeros días de su independencia, la República de Azerbaiyán fue víctima de una agresión armada por parte de un país vecino, como resultado de la cual los territorios reconocidos internacionalmente de Azerbaiyán, incluyendo la región de Nagorno-Karabaj y siete distritos adyacentes, fueron ocupados y toda la población azerbaiyana del área fue expulsada de sus hogares.

Las organizaciones internacionales adoptaron numerosos documentos exigiendo la retirada completa, inmediata e incondicional de las fuerzas de ocupación armenias de todos los territorios ocupados de Azerbaiyán, y pidiendo la solución de conflictos sobre la base de las normas y los principios del derecho internacional, incluyendo el respeto a la integridad territorial, la soberanía y la inviolabilidad de las fronteras. Esta posición se ha visto claramente reflejada en las resoluciones y decisiones adoptadas por el Consejo de Seguridad y la Asamblea General de las Naciones Unidas, el Movimiento de los Países no Alineados y la OSCE, la Organización de Cooperación Islámica y el Consejo de Europa.

Azerbaiyán estuvo dedicado al proceso de negociación a lo largo de casi 30 años, con la esperanza de que Armenia entendiera las realidades y liberase los territorios internacionalmente reconocidos de Azerbaiyán, de conformidad con las normas y principios del derecho internacional y las resoluciones y decisiones de las organizaciones internacionales. Azerbaiyán trató de evitar la escalada y quería que la voz de la verdad fuera escuchada por la comunidad internacional.

Azerbaiyán quería que la voz de la verdad fuera escuchada por la comunidad internacional.

Armenia, mientras tanto, demoraba el proceso de negociación, al tiempo que tomaba las medidas consistentes para consolidar los resultados de la ocupación de los territorios azerbaiyanos con el objetivo de su anexión. Esto incluyó, entre otros, la implantación de los colonos en los territorios ocupados, la destrucción y el saqueo del patrimonio histórico y cultural, la explotación ilegal de los recursos naturales, la apropiación de bienes privados y públicos. Armenia ha cometido una serie de graves crímenes contra la población civil de Azerbaiyán, así como contra su patrimonio cultural y su infraestructura a lo largo de los años de ocupación.

De este modo, a pesar del compromiso de Azerbaiyán con una solución política, la ausencia de un mecanismo para implementar las decisiones internacionales, la posición destructiva, así como, la demostración reciente de acciones claramente provocativas y agresivas por parte de Armenia, hicieron inevitable la restauración por vía militar de la integridad territorial de Azerbaiyán dentro de sus fronteras reconocidas internacionalmente.

En respuesta a otra provocación de Armenia el 27 de septiembre, las operaciones contraofensivas han sido lanzadas por orden del Comandante Supremo en Jefe de las Fuerzas Armadas de la República de Azerbaiyán, Presidente Ilham Aliyev. Como resultado de la Guerra Patriótica de 44 días, Azerbaiyán implementó 4 resoluciones del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas (Nº 822, 853, 874 y 884), las decisiones y las resoluciones de la Asamblea General de las Naciones Unidas, la Organización de Cooperación Islámica, la OSCE, el Movimiento de los Países No Alineados, el Consejo Túrquico, la OTAN, GUAM, Parlamento Europeo y otras organizaciones internacionales, exigiendo la retirada completa, inmediata e incondicional de las fuerzas de ocupación armenias de todos los territorios ocupados de Azerbaiyán, y pidiendo la solución del conflicto sobre la base de las normas y principios del derecho internacional.

El 10 de noviembre de 2020 se abrió un nuevo capítulo en la historia de Azerbaiyán y Armenia, y en la región del Cáucaso más amplio. La declaración trilateral firmada por los líderes de Azerbaiyán, Armenia y Rusia puso fin al conflicto armado de casi tres décadas entre Armenia y Azerbaiyán.

La implementación de esta declaración garantizó el cese de todas las actividades militares y la restitución de los distritos ocupados de Aghdam, Kalbajar y Lachin a Azerbaiyán. La declaración contiene una importante disposición sobre el regreso de los desplazados internos y los refugiados a sus hogares bajo la supervisión del ACNUR.

Este documento también prevé la eliminación de los obstáculos a todas las vías económicas y de transporte en la región y contiene una garantía para la circulación segura de las personas, los vehículos y las cargas entre Armenia y Azerbaiyán en ambas direcciones, incluyendo la conexión entre Azerbaiyán continental y su República Autónoma de Najicheván.

Este acuerdo crea una nueva realidad en la región, formando un nuevo marco de cooperación. Particularmente, se debe destacar las contribuciones respectivas de la Federación de Rusia y de la República de Turquía para convertir este acuerdo en realidad. Estos Estados vecinos desempeñan un papel importante como los garantes del acuerdo mencionado, cuyo cumplimiento garantizará la paz y la estabilidad pendientes desde hace tiempo en la región del Cáucaso del Sur.

Para garantizar la paz y la seguridad en los territorios liberados de Azerbaiyán, Rusia y Turquía han establecido un Centro Conjunto de Monitoreo para supervisar la implementación de los acuerdos de Armenia y Azerbaiyán en virtud de la Declaración Trilateral del 10 de noviembre.

Azerbaiyán está decidida a reintegrar en su espacio político, social, económico a sus ciudadanos de origen armenio que residen en los territorios afectados por el conflicto, garantizando los mismos derechos y libertades a todos los ciudadanos de Azerbaiyán, independientemente de su afiliación étnica y religiosa. La Constitución de la República de Azerbaiyán establece un marco jurídico sólido, a este respecto.

Azerbaiyán está decidida a reintegrar en su espacio político, social, económico a sus ciudadanos de origen armenio.

La coexistencia pacífica de los residentes azerbaiyanos y armenios de los territorios afectados por el conflicto sobre la base de la seguridad, la identidad étnica y religiosa de cada uno dentro de la soberanía y la integridad territorial de Azerbaiyán debe ser y será garantizada finalmente. Hemos entrado en una nueva etapa posconflicto, una etapa de reconstrucción y rehabilitación, una etapa de restauración de la coexistencia pacífica. Están surgiendo nuevas oportunidades de desarrollo y cooperación. Ya hemos comenzado a trabajar con nuestros socios para aprovechar las nuevas realidades prometedoras.

Azerbaiyán otorga vital importancia a plena implementación de las declaraciones trilaterales del 10 de noviembre de 2020 y del 11 de enero de 2021, tanto en letra como en espíritu, y para sanar las heridas del sangriento conflicto sobre la base de la normalización de las relaciones interestatales entre Armenia y Azerbaiyán.

Desafortunadamente, todavía nos enfrentamos a la postura destructiva de Armenia, incluso, sus acciones y declaraciones desestabilizadoras destinadas a socavar las perspectivas emergentes de la paz y la seguridad regional. El despliegue de los grupos de sabotaje en los territorios de Azerbaiyán para cometer los actos terroristas contra Azerbaiyán después de la firma de la declaración trilateral, y luego solicitar su liberación como si fueran unos “prisioneros de guerra”, ignorando los llamamientos de Azerbaiyán a presentar los mapas de los campos de minas son algunas de las amenazas a la implementación de las declaraciones trilaterales. Este enfoque cuestiona, también, seriamente la sinceridad de Armenia hacia la normalización de las relaciones con Azerbaiyán basada en el reconocimiento mutuo y el respeto a la soberanía, integridad territorial e inviolabilidad de las fronteras internacionales de cada uno.

Desafortunadamente, todavía nos enfrentamos a la postura destructiva de Armenia.

Sin embargo, creemos firmemente que la comunidad internacional, liderada por la ONU, desempeña una importante función en el apoyo a la implementación de las declaraciones trilaterales, que prometen el restablecimiento de buenas relaciones vecinales en la región.

Un futuro pacífico, próspero y estable sólo puede ser alcanzado mediante la determinación conjunta, con respeto a la soberanía e integridad territorial de los estados, y el pleno cumplimiento de las obligaciones internacionales en relación a la inviolabilidad de las fronteras reconocidas internacionalmente. Cuanto más temprano sea consciente Armenia, más pronto el país se beneficiará de la paz y el desarrollo duradero en la región.

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