11 de Febrero 2021

IRÁN: TRADICIONES MILENARIAS

¿Qué aspectos culturales caracterizan a la República Islámica de Irán? Para conmemorar la victoria de la Revolución Islámica de 1979, repasemos las cualidades de dicha nación.

El 11 de febrero de 1979, luego de un poco más de un año, triunfa la Revolución Islámica en Irán. A partir de allí se gestan una serie de cambios como, por ejemplo, el fin del régimen del Sha Mohammad Reza Pahlavi y el inicio de un nuevo sistema político en el país: una República Islámica de confesión chií. Sin embargo, esta es la historia reciente.

 
La fundación se puede remontar 25 siglos atrás, cuando Ciro “el Grande” independiza Persia y conquista el Imperio Medo fundando el Imperio Aqueménidas. Este se extendió no solo por la actual República Islámica de Irán -en la cual todavía se pueden encontrar restos-, sino también por Irak, Turkmenistán, Afganistán, Uzbekistán, Turquía, Rusia, Chipre, Siria, Líbano, Israel, Palestina, Grecia y Egipto.

 
A su vez, no hay que dejar de mencionar que las tradiciones, la cultura, el arte, entre otras áreas fueron adoptando características de los miles de viajeros que pasaban por el Imperio a través de la Ruta de la Sede, que conectaba a China, Mongolia, el subcontinente indio, Persia, Arabia, Siria, Turquía, Europa y África.

 
El país se distingue, a su vez, por sus alfombras y kilims de fabricación manual, sus trabajos en vidrio y cobre, así como también por sus cerámicas y alfarería.

 
La Embajada de Irán en Argentina destaca que en el país hay registrados un millón doscientos mil monumentos lo que “convierten a este país en uno de los más privilegiados del planeta en cuanto a legado cultural”.

 
Por otro lado, comenta sobre el legado que han dejado sus antiguos pobladores: “Desde los pueblos preindoeuropeos, como los elamitas y los lulubíes, y desde el comienzo de la historia de Persia y los persas propiamente dicha hasta nuestros días, o, lo que es lo mismo, desde el rey Ciro hasta el Imán Jomeini, este pueblo ha legado a la humanidad ciudades palaciegas como Persépolis, cuyo color arena se combina con la majestuosidad de los colores azules y turquesas del lapislázuli utilizados en las mezquitas y santuarios, y unas ruinas cuyo ruidoso silencio, interrumpido de vez en cuando por el alborozo de los visitantes, se asemeja al silencio devoto y místico que impera en el ambiente de los actuales edificios religiosos; mezquitas, iglesias y templos de fuego”.